Los polisacáridos son cadenas largas de unidades de monosacáridos unidas por enlaces glucosídicos, típicamente con más de 10 residuos, formando polímeros lineales o ramificados con la fórmula general (C6H10O5)n donde n > 40. Estas macromoléculas se ensamblan vía síntesis por deshidratación, donde los grupos hidroxilo de monosacáridos adyacentes forman puentes de oxígeno, dando lugar a estructuras que van desde helicoidales (enlaces α) hasta fibrosas (enlaces β). La heterogeneidad surge de ligeras modificaciones en las unidades repetitivas, confiriendo propiedades como insolubilidad o naturaleza amorfa distintas de los monosacáridos.
Clasificación por Composición
Los homopolisacáridos contienen un solo tipo de monosacárido, como la glucosa en el almidón o la celulosa, mientras que los heteropolisacáridos incorporan múltiples tipos como glucosa, galactosa y ácidos urónicos. Las formas lineales presentan cadenas rectas, mientras que las variantes ramificadas, como el glucógeno, exhiben arquitecturas en forma de árbol para un almacenamiento compacto. Esta dicotomía influye en la solubilidad, digestibilidad y susceptibilidad enzimática.
Tipos Funcionales y Ejemplos
Los polisacáridos de almacenamiento, incluyendo el almidón (amilosa y amilopectina en plantas) y el glucógeno (en animales), utilizan enlaces α-glucosídicos para reservas de energía helicoidales y movilizables. Los polisacáridos estructurales como la celulosa (glucosa unida por β en las paredes celulares vegetales) y la quitina forman fibras rígidas vía enlaces de hidrógeno entre cadenas paralelas. Estos roles se extienden a la hemicelulosa en matrices y al galactógeno en algunos invertebrados.




















































